Sat. Feb 14th, 2026

El acoso escolar y el ciberacoso que habían experimentado una desaceleración entre 2018 y 2022 debido al confinamiento y el cierre de aulas durante la pandemia, han vuelto a repuntar en los últimos años en los países desarrollados, así lo revela un informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) basado en estudios internacionales como el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA).

Perfil de las principales víctimas

Según el análisis los alumnos varones de origen inmigrante y de nivel socioeconómico acomodado figuran entre las principales víctimas de acoso escolar, los expertos señalan que esta tendencia podría estar relacionada con una mayor capacidad para identificar y denunciar situaciones de acoso en entornos con mayores recursos.

El informe también destaca que factores como la apariencia física, discapacidad, orientación sexual, identidad de género u otras características percibidas como “diferentes” continúan siendo detonantes frecuentes de hostigamiento.

Un aspecto relevante del estudio indica que estudiantes de origen inmigrante en contextos socioeconómicos favorecidos pueden estar particularmente expuestos, ya que rompen con estereotipos que asocian la inmigración con pobreza o bajo rendimiento académico, como ejemplo se cita una investigación en Estados Unidos que reveló que estudiantes afroamericanos y latinoamericanos de familias acomodadas tenían mayor probabilidad de sufrir acoso que aquellos de entornos desfavorecidos, precisamente por desafiar esas percepciones sociales.

Además el nivel de acoso en una escuela está vinculado al contexto socioeconómico del centro y al grado de homogeneidad del alumnado: cuanto más diferente sea un estudiante respecto a sus compañeros, mayor riesgo enfrenta de convertirse en víctima.

Aunque la mayoría de los estudiantes ha estado expuesta a situaciones que pueden considerarse acoso, solo una minoría ha sufrido episodios severos con consecuencias graves, puntualiza el informe.

Evolución del fenómeno

Los datos muestran que entre 2015 y 2018 hubo un incremento sostenido en los casos reportados de acoso escolar, posteriormente entre 2018 y 2022, se registró una caída generalizada excepto en Dinamarca coincidiendo con la reducción de interacciones presenciales durante la pandemia, sin embargo a partir de 2022 los casos han vuelto a aumentar en la mayoría de los países analizados.

No obstante el informe destaca excepciones como Japón y Corea del Sur, donde se ha observado una disminución constante desde 2015, en paralelo a la implementación de políticas específicas para combatir el acoso en los centros educativos.

Ciberacoso y entorno social

El estudio estima que el ciberacoso es menos frecuente que el acoso presencial, aunque ambos fenómenos suelen estar estrechamente vinculados, los alumnos que sufren hostigamiento en redes sociales tienden también a experimentarlo en el entorno escolar.

Los grupos identificados como “diferentes” siguen siendo los más vulnerables en el entorno digital, replicando patrones del acoso tradicional.

Asimismo el impacto del acoso varía según la personalidad del estudiante y su entorno familiar, contar con amistades positivas, sentirse aceptado por los compañeros y estar integrado en grupos sociales actúa como factor protector, en cambio el rechazo social o la vinculación con otros alumnos que sufren acoso puede aumentar tanto el riesgo de padecerlo como de ejercerlo.

Un fenómeno complejo que requiere respuestas integrales

La OCDE subraya que el acoso escolar es un fenómeno complejo de detectar y combatir, por lo que recomienda estrategias combinadas que incluyan legislación nacional, protocolos específicos en los centros educativos y acciones desde el ámbito familiar.

Entre las medidas más efectivas destacan las intervenciones focalizadas en grupos de riesgo, la formación del profesorado, la promoción de entornos escolares inclusivos y la concienciación de los estudiantes para que denuncien situaciones de acoso cuando las presencien.

El informe concluye que aunque se han logrado avances en algunos países, el repunte reciente evidencia la necesidad de mantener y reforzar las políticas de prevención para proteger el bienestar y el desarrollo integral de los estudiantes.

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