El cuidado de la visión continúa siendo uno de los aspectos más subestimados de la salud, a pesar de su impacto directo en la calidad de vida, la autonomía y el bienestar general, así lo advierte el oftalmólogo Servando Santana Rodríguez, quien llama la atención sobre una percepción errónea ampliamente extendida: creer que la salud visual se limita a “revisarse la vista” o a determinar si se necesitan lentes.
En el lenguaje cotidiano someterse a un chequeo visual suele reducirse a un examen de refracción, cuyo objetivo principal es medir la agudeza visual y ajustar la graduación de los lentes, aunque este procedimiento es útil, rutinario y necesario, el especialista subraya que resulta insuficiente cuando se le atribuye un valor médico mayor al que realmente tiene. “Es como revisar la presión de las gomas del carro y nunca abrir el bonete para evaluar el estado del motor”, explica.
Según Santana Rodríguez, ver bien no equivale a tener ojos sanos, medir cuánto se ve no implica evaluar el estado real de las estructuras oculares, ni descartar enfermedades que pueden avanzar de manera silenciosa, no obstante en la actualidad abundan los anuncios de “chequeo de la vista gratis” generalmente ofrecidos en ópticas y enfocados exclusivamente en la graduación de lentes, sin una evaluación médica integral del órgano de la visión.
Enfermedades silenciosas y riesgo creciente
“El mensaje implícito suele ser tranquilizador: ‘todo está bien’. Pero la pregunta es, ¿qué significa realmente estar bien?”, plantea el oftalmólogo, la visión es un proceso complejo que involucra múltiples estructuras del ojo y su conexión directa con el cerebro, muchos trastornos que afectan este sistema no producen dolor ni síntomas evidentes en sus etapas iniciales, lo que dificulta su detección temprana.
El riesgo de padecer enfermedades oculares aumenta de forma natural a partir de los 55 años, aunque no se limita a ese grupo etario, patologías como el glaucoma, la catarata, la degeneración macular y las afecciones de la retina relacionadas con la diabetes o la hipertensión arterial pueden desarrollarse de manera progresiva y silenciosa, en muchos casos el paciente mantiene una buena agudeza visual mientras pierde campo visual o sufre daños irreversibles sin notarlo.
La importancia del abordaje integral
Santana Rodríguez insiste en la necesidad de diferenciar los roles dentro del cuidado visual. Las ópticas cumplen una función esencial en la corrección de la visión mediante lentes; los optómetras evalúan la función visual y pueden detectar alteraciones, el oftalmólogo en cambio es el médico especialista del ojo, responsable de diagnosticar enfermedades, indicar tratamientos y trabajar en la prevención de la ceguera, con una visión a largo plazo de la salud ocular del paciente.
“Cuidar la visión es un acto de responsabilidad personal”, enfatiza el especialista, ver bien hoy no garantiza ver bien mañana, por lo que los controles oftalmológicos periódicos no deben verse como un lujo, sino como una medida preventiva tan razonable y necesaria como controlar la presión arterial o los niveles de azúcar en sangre.
El mensaje es claro: la visión puede corregirse con lentes, pero solo se protege mediante un enfoque integral, profundo y recurrente, ver no es solo mirar; es reconocer rostros, leer sin esfuerzo, conducir con seguridad y mantener la independencia a lo largo de los años.
La verdadera tranquilidad, concluye el oftalmólogo, no está en ver mejor ahora, sino en saber que los ojos están sanos y cuidados para el futuro.
