Un nuevo vuelo con 231 venezolanos deportados por Estados Unidos arribó este viernes al aeropuerto de Maiquetía, que sirve a Caracas, marcando el primer viaje de este tipo tras la incursión militar que derrocó y capturó al mandatario Nicolás Maduro, la aeronave, de bandera estadounidense, partió desde Phoenix, Arizona, y aterrizó alrededor de las 10:30 hora local (14:30 GMT), según constató la AFP.
La caída de Maduro ocurrió el pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses bombardearon la capital venezolana y capturaron al expresidente y a su esposa Cilia Flores ambos enfrentan actualmente procesos judiciales en Nueva York por narcotráfico, lo que ha marcado un cambio histórico en la política y la administración del país sudamericano, ahora bajo la supervisión del presidente estadounidense, Donald Trump.
A pesar de la crisis política y militar, el vuelo de deportados se enmarca dentro de un programa de repatriación que se mantuvo incluso durante la gestión de Maduro, durante todo el año pasado, aviones estadounidenses con venezolanos indocumentados arribaron regularmente a Venezuela, aunque Caracas había denunciado en diciembre que un vuelo fue suspendido «de manera unilateral» por Estados Unidos.
El arribo de este primer vuelo después de la caída de Maduro representa un hecho sin precedentes, ya que es la primera vez que migrantes deportados llegan al país tras un cambio tan abrupto en el liderazgo venezolano, la operación refleja la continuidad del programa de repatriación estadounidense, pero ahora en un contexto completamente distinto, con la capital venezolana bajo control indirecto estadounidense y con Maduro enfrentando la justicia en el extranjero.
Expertos y analistas internacionales observan con atención el desarrollo de estas operaciones, considerando que la logística, seguridad y manejo político de los vuelos de repatriación podrían verse alterados en medio de la transición y el control estadounidense sobre el país.
El vuelo con 231 venezolanos no solo marca un hito logístico, sino que también refleja las tensiones diplomáticas históricas entre Estados Unidos y Venezuela, que ahora entran en una nueva etapa tras la caída de Maduro y la instauración de un gobierno de facto supervisado por Trump.
