Fri. Jan 23rd, 2026

En medio del ritmo acelerado de influencers, anuncios y tendencias efímeras, las redes sociales han comenzado a llenarse de algo inesperado de fotos antiguas que evocan claramente el año 2016, imágenes granuladas, saturadas y con filtros clásicos de Snapchat como coronas de flores, orejas o narices de perro que han reaparecido mostrando cuencos de açaí, jeans ajustados, gargantillas negras y una estética que remite directamente a la era de Vine, Pokémon Go y los kits labiales de Kylie Jenner, todo acompañado por la música que marcó esa etapa, como Hotline Bling de Drake.

La propia Kylie Jenner impulsó recientemente esta tendencia al compartir en Instagram una foto de aquellos años, con el pelo rosa pastel y una sudadera Supreme, acompañada del mensaje “Habría que estar ahí” a ella se sumaron celebridades como Selena Gómez, Lena Dunham y Karlie Kloss, que publicaron imágenes similares en un ejercicio colectivo de throwback que en su momento habría llevado el clásico hashtag #TBT.

Este fenómeno refleja la aceleración de la nostalgia en internet, las tendencias digitales cambian tan rápido que un pasado relativamente reciente puede sentirse lejano y casi irreconocible, la añoranza por 2016 está estrechamente ligada a una visión idealizada del llamado “optimismo millennial”, asociado a una etapa en la que la música indie dominaba la cultura popular, Instagram y Twitter aún parecían novedosos y la idea de una pandemia global no formaba parte del imaginario colectivo.

Aunque este sentimiento es especialmente fuerte entre los millennials, también ha calado en la Generación Z, que recuerda poco de aquella época o la vivió en su etapa final, sin embargo esta mirada al pasado no está exenta de críticas. Jessica Maddox, profesora asociada de medios y estudios culturales en la Universidad de Georgia, advierte que la nostalgia implica siempre una “revisión histórica” según explica, tendemos a creer que al revivir ciertos contenidos podremos sentir lo mismo que entonces, algo que rara vez ocurre.

Maddox señala que la percepción de 2016 como una época más sencilla está vinculada a cómo se vivían las redes sociale, espacios que se sentían más comunitarios con tendencias compartidas como el mannequin challenge, el millennial pink o los programas de televisión que todos comentaban, además no existía el actual bombardeo constante de malas noticias ni el hábito del doomscrolling, lo que contribuía a una sensación de menor saturación digital.

Más que extrañar un año concreto, sostiene la experta, lo que realmente se añora es la idea de una monocultura digital: espacios comunes donde coincidir en internet, en contraste el entorno online actual se percibe como más caótico, polarizado y hostil, donde incluso una imagen aparentemente inocente puede generar críticas y confrontación.

Paradójicamente esa hostilidad creciente podría ser la razón principal por la que el recuerdo de 2016 resulta hoy tan atractivo: no solo como una estética, sino como símbolo de una etapa en la que internet parecía más simple, compartido y humano.

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